# Qué pasa de verdad cuando filtran tu contraseña

> Una filtración no termina el día que sale en la prensa: ahí empieza. Se craquea, se cruza con otras listas y se revende, y todo eso funciona por una sola razón — que reutilizamos.

Publicado el 2026-04-16 por David Carrero · password.es
Original: https://password.es/blog/que-pasa-cuando-filtran-tu-contrasena/

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Cuando a alguien le filtran la contraseña, se lo imagina como un accidente
puntual: un servicio tuvo un mal día, salió en la prensa, la cambiaste y se acabó.
**No se acabó.** El día de la filtración no es el final de nada: es el primer día
de una cadena de montaje que va a durar años, y en la que tú no aparecerás nunca
por tu nombre. Merece la pena contarla entera, porque casi nadie la ve.

## Paso uno: alguien saca la base de datos

Lo primero no tiene nada de espectacular. Alguien encuentra una inyección SQL, una
copia de seguridad abierta, un panel de administración con las credenciales por
defecto. Y se lleva una tabla.

Esa tabla, con suerte, contiene tu correo y un hash de tu contraseña. Con menos
suerte, contiene tu correo y tu contraseña. En texto. Tal cual la escribiste.

## 2009: treinta y dos millones de contraseñas en texto plano

En diciembre de 2009, una empresa de widgets para redes sociales llamada
**RockYou** sufrió una inyección SQL. Se llevaron unos **32 millones de
contraseñas**, y no había hash que romper: las guardaba en texto plano.

Fue un desastre para RockYou y un regalo para todos los demás. Por primera vez
existía un corpus enorme de contraseñas **reales**, escritas por gente que no
sabía que alguien las iba a leer. No un estudio: la cosa en sí.

El fichero se convirtió en `rockyou.txt`, que sigue siendo el diccionario de
referencia con el que se prueban ataques. Su valor no es que contenga tu
contraseña: es que contiene **cómo escribe contraseñas la gente**. Un nombre y un
año, la palabra y el `123`, el `!` al final. RockYou no filtró 32 millones de
secretos. Filtró el patrón. Y el patrón no caduca.

## Paso dos: se craquea lo que se pueda, sin ninguna prisa

Aquí falla la intuición. Cuando alguien intenta adivinar tu contraseña en la
pantalla de acceso de un servicio, el servicio le corta: tres intentos, un CAPTCHA,
un bloqueo. Contra un servidor, adivinar es lento y ruidoso.

Contra un fichero de hashes que ya está en tu disco no hay servidor. **No hay
nadie al otro lado que diga que no.** Se prueba en local, con GPUs, sin límite de
intentos y con todo el tiempo del mundo. Si el servicio hasheó mal —algoritmo
rápido, sin sal— la diferencia con el texto plano es de conveniencia, no de
seguridad.

Y no se prueba al azar: primero `rockyou.txt`, y luego reglas derivadas de él.
Cambia la `a` por `@`. Añade un año al final. Cada truco que a ti te pareció
ingenioso lleva más de una década escrito en un fichero de configuración.

De ahí sale una parte del volcado convertida en contraseñas legibles. El resto
—lo largo, lo aleatorio, lo que no está en ningún diccionario— sigue siendo ruido.
Es la línea que traza el [comprobador](/comprobador/): no te regaña, te dice de
qué lado caes.

## Paso tres: se cruza, y ahí es donde vales dinero

Un volcado suelto vale poco. Lo valioso es la **agregación**: coger diez
filtraciones de sitios distintos, cruzarlas por correo y quedarse con las parejas
`correo:contraseña` ya en claro. Al resultado se le llama *combolist*, y ya no es
la base de datos de nadie. Es una lista de personas.

## 2013: el inventario sale a la luz

En diciembre de 2013, **Troy Hunt** puso en marcha **Have I Been Pwned**: una base
de datos pública de correos aparecidos en filtraciones, para que cualquiera
pudiera preguntar si estaba dentro. La idea de fondo es sencilla e incómoda: **si
los atacantes ya tienen el inventario, negárselo a las víctimas no protege a
nadie**. Años después llegó *Pwned Passwords*, que hace lo mismo con las
contraseñas y permite consultarlas sin enviarlas: se manda un fragmento del hash y
el servidor devuelve un lote de candidatos, sin saber cuál era el tuyo.

## 2017: el NIST deja de pedir símbolos y empieza a pedir listas

Cuando el NIST publicó el **SP 800-63B**, tiró por la borda casi toda la ortodoxia
de los formularios y puso en su lugar un requisito que pocos esperaban: al fijar
una contraseña, el sistema debe **compararla contra una lista de valores
comprometidos conocidos** y rechazarla si aparece.

Es un cambio de teoría, no de detalle. La pregunta ya no es si tu contraseña
*parece* fuerte, sino si **ya está publicada**. Por eso el [generador](/) hace lo
único razonable: sacarla de un sitio donde no ha estado nunca.

## 2019: la filtración que ya era un refrito de otras

En enero de 2019 circuló un paquete que se hizo famoso como **Collection #1**.
Hunt lo analizó y contó lo que había dentro: unos **773 millones de direcciones de
correo únicas** y unos **21 millones de contraseñas únicas** en texto plano,
agregadas de miles de fuentes.

Lo importante no fue el tamaño. Fue **de dónde salía**: en buena parte era el
refrito de filtraciones anteriores, ya craqueadas y puestas en formato cómodo
—aunque Hunt encontró también material que hasta entonces no tenía fichado. El
producto no era la intrusión. Era el inventario. Y un inventario así solo tiene un
uso.

## Credential stuffing: no te atacan a ti

**A ti no te ataca nadie.** Esa es la parte que cuesta interiorizar.

Nadie se sienta a pensar en tu cuenta. Alguien coge una combolist de cientos de
millones de líneas, la mete en una herramienta que las prueba contra el formulario
de acceso de un banco o un correo, reparte los intentos entre muchas direcciones
IP para no disparar los bloqueos, y espera. La inmensa mayoría fallan. Da igual:
cuestan casi nada.

Eso es *credential stuffing*, y no es adivinar. Es **comprobar**. La contraseña ya
la tienen; lo único que averiguan es dónde más la pusiste.

Tu contraseña de aquel foro no era importante. El foro tampoco. Lo importante es
que la misma cadena de caracteres abre tu correo, y tu correo abre todo lo demás
vía «he olvidado mi contraseña». **El pecado original no es que fuera débil: es
que era la misma.** Una contraseña de treinta caracteres, aleatoria y perfecta,
reutilizada en dos sitios, es tan buena como el peor de los dos. Y tú no controlas
cómo hashea el peor de los dos.

## Qué se deduce de todo esto

- **Cambiar la contraseña filtrada no basta si la repetiste.** Lo urgente no es el
  sitio que salió en las noticias. Son los otros.
- **Una contraseña por sitio, y que te dé igual olvidarla.** Si puedes recordar
  todas tus contraseñas, tienes muy pocas o son muy malas.
- **El segundo factor rompe la cadena.** El *credential stuffing* prueba
  `correo:contraseña`. Si eso no basta para entrar, el inventario deja de valer.

Tu contraseña filtrada no está en manos de un enemigo. Está en una fila de un
fichero, entre otros cientos de millones, esperando a que a alguien le salga a
cuenta probarla en un sitio más. Y lo único que decide si eso funciona lo
decidiste tú hace años, cuando escribiste la misma palabra por segunda vez.

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*Fuentes: la filtración de RockYou (diciembre de 2009) y el uso posterior de
`rockyou.txt` como diccionario de ataque · Have I Been Pwned y Pwned Passwords, de
Troy Hunt · NIST SP 800-63B, sobre la comprobación de contraseñas contra listas de
valores comprometidos · el análisis de Troy Hunt sobre Collection #1 (enero de
2019) y las cifras que publicó · definición de credential stuffing de OWASP.*
