# Qué es una contraseña, y por qué llevamos sesenta años equivocándonos

> La contraseña informática nació en 1961 y la primera filtración llegó un año después. Casi todo lo que nos enseñaron sobre ellas salió de una conjetura de 2003 que su propio autor lamenta.

Publicado el 2026-07-17 por David Carrero · password.es
Original: https://password.es/blog/que-es-una-contrasena/

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Una contraseña es una respuesta a una pregunta muy vieja: **¿eres de los nuestros?**

No la inventó la informática. Polibio, en el siglo II a. C., describe cómo el
ejército romano hacía circular cada noche una palabra escrita en una tablilla de
madera —la *tessera*— que pasaba de unidad en unidad y volvía al mando. Quien la
sabía era de los tuyos. Quien no, no.

Dos mil años después seguimos haciendo exactamente lo mismo. Lo único que ha
cambiado es quién pregunta, y a qué velocidad puede intentar adivinar la
respuesta.

## 1961: la contraseña entra en el ordenador

En noviembre de 1961, el MIT demostró el **CTSS** (*Compatible Time-Sharing
System*), dirigido por **Fernando Corbató**. Era una idea nueva: un solo
ordenador, muy caro, compartido por varias personas a la vez.

Y ahí apareció el problema. Si la máquina es de todos, los archivos de cada uno
tienen que ser de cada uno. Hacía falta una forma de que el ordenador supiera
quién estaba escribiendo. La solución fue la más obvia y la más romana posible:
que cada usuario tuviera una palabra suya.

Conviene decirlo con precisión: Corbató no inventó la contraseña. Inventó la
contraseña **por usuario en un ordenador multiusuario**, que es otra cosa. Él
mismo, ya mayor, dijo que aquello se había convertido en «una pesadilla».

## 1962: la primera filtración, y fue por tiempo de máquina

Un año después, **Allan Scherr**, doctorando en ese mismo MIT, tenía un problema
muy mundano: solo le asignaban cuatro horas de ordenador a la semana y necesitaba
más para su tesis.

Así que pidió al sistema que **imprimiera el fichero de contraseñas**. Sin más.
Estaba ahí, en texto plano, y nadie había pensado que alguien lo pediría. Con el
listado en la mano, usó las cuentas de otros para seguir trabajando.

Lo interesante no es el truco. Es el móvil: **la primera filtración de
contraseñas de la historia no la hizo un delincuente, sino alguien que quería
seguir trabajando**. Sesenta años después, la mayoría de los agujeros de
seguridad siguen naciendo de gente razonable buscando el camino corto.

## 1979: alguien se da cuenta de que no hay que guardarlas

Durante casi dos décadas, muchos sistemas guardaron las contraseñas tal cual. Si
alguien leía el fichero, se lo llevaba todo.

En 1979, **Robert Morris y Ken Thompson** publicaron en *Communications of the
ACM* un artículo titulado «Password Security: A Case History», sobre lo que
habían hecho en Unix. Dos ideas que hoy son la base de todo:

- **No guardar la contraseña, guardar su hash.** El sistema no necesita saber
  cuál es tu contraseña; solo necesita poder comprobar si la que acabas de
  escribir da el mismo resultado.
- **La sal**: añadir un valor aleatorio a cada contraseña antes de aplicarle el
  hash, para que dos personas con la misma contraseña no tengan el mismo hash, y
  para que no se pueda precalcular una tabla y romperlas todas de golpe.

Cuando hoy decimos que un servicio «no debería saber tu contraseña», estamos
citando un artículo de 1979.

## 2003: las reglas que todos aprendimos, y de dónde salieron

En 2003, **Bill Burr**, del NIST estadounidense, escribió el documento que
acabaría rigiendo cómo se pedían contraseñas en medio mundo: el
**SP 800-63**. De ahí salió todo lo que reconoces al instante:

> Al menos una mayúscula, un número y un símbolo. Cámbiala cada 90 días.

Sonaba a ciencia. No lo era. Burr no tenía buenos datos sobre contraseñas reales
—apenas existían— así que se apoyó en lo que había y razonó lo que parecía
sensato: más variedad de caracteres, más combinaciones, más seguridad.

El problema es que **las personas no son generadores aleatorios**. Pídele a
alguien una mayúscula y la pondrá la primera. Pídele un número y lo pondrá al
final. Pídele un símbolo y será un `!`. Y si le obligas a cambiarla cada tres
meses, `Verano2024!` se convertirá en `Otoño2024!`.

El resultado fue una generación entera de contraseñas que **parecen complejas y
son triviales**, y unos usuarios agotados que las reutilizan en todas partes
porque ya no pueden más.

## 2017: el NIST se retracta, y Burr también

En 2017, el NIST publicó el **SP 800-63B** y dio marcha atrás en casi todo:

- **La longitud importa más que la complejidad.**
- **Nada de rotación forzada** salvo que haya indicios de compromiso.
- **Comprobar la contraseña contra listas de filtradas**, en vez de exigir
  símbolos.

Ese mismo año, Burr le dijo al *Wall Street Journal* que lamentaba buena parte de
lo que había escrito. Es una de las rectificaciones más honestas que ha dado la
seguridad informática, y aún hoy hay miles de formularios pidiéndote un símbolo
por culpa de un documento que su propio autor desautorizó.

## Por qué esto no es historia antigua

Todo esto tiene una consecuencia muy concreta, y la puedes ver aquí mismo.

Nuestro propio [comprobador](/comprobador/) funcionaba hasta hace nada con la
lógica de 2003: contaba mayúsculas, números y símbolos. Le daba un **92 % «Muy
fuerte»** a `Contraseña1!` —literalmente la palabra «contraseña»— y un **0 % «Muy
débil»** a una frase de cinco palabras al azar, que es incomparablemente mejor.

Estaba premiando exactamente lo que no hay que hacer. Lo hemos cambiado: ahora
busca tu contraseña en diccionarios de palabras, nombres, ciudades y patrones de
teclado, y te dice cuánto tardaría en caer de verdad.

Y por eso el [generador](/) te enseña los **bits de entropía** en vez de un
porcentaje. Un porcentaje no significa nada. Los bits sí: son cuántas veces
tendría que intentarlo alguien que no sabe nada de ti.

## Qué hacer, en dos líneas

- **Largas antes que retorcidas.** Cuatro o cinco palabras al azar baten a
  `P@ssw0rd` por muchos órdenes de magnitud.
- **Distinta en cada sitio, y en un gestor.** Es la única regla de 2003 que
  sigue en pie, y la que menos caso le hicimos.

La pregunta sigue siendo la misma que en la Roma del siglo II: *¿eres de los
nuestros?* Lo que ha cambiado es que ahora quien pregunta puede intentar mil
millones de respuestas por segundo. Conviene que la tuya no esté en el
diccionario.

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*Fuentes: F. J. Corbató y el CTSS (MIT, 1961) · el relato del propio Allan Scherr
sobre 1962 · R. Morris y K. Thompson, «Password Security: A Case History»,
Communications of the ACM, 1979 · NIST SP 800-63 (2003) y SP 800-63B (2017) ·
declaraciones de Bill Burr al Wall Street Journal, agosto de 2017.*
