# Passkeys: la contraseña que no existe

> Si el problema de las contraseñas es que hay un secreto compartido que alguien guarda por ti, la solución es quitar el secreto compartido. Eso son las passkeys — y esto es lo que arreglan y lo que no.

Publicado el 2026-06-18 por David Carrero · password.es
Original: https://password.es/blog/passkeys-la-contrasena-que-no-existe/

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Todas las historias de contraseñas terminan igual: alguien tenía tu secreto
guardado en algún sitio, y lo perdió.

Da igual el año. Al principio estaba en un fichero de texto plano de un ordenador
compartido y bastó con pedirle al sistema que lo imprimiera. En 1979, Morris y
Thompson contaron cómo salar y encarecer el cálculo del hash para que una lista
robada no se convirtiera de inmediato en una lista de contraseñas, que fue una
mejora enorme. Y después llegaron las reglas de composición que nos hicieron poner
un símbolo al final. Pero la forma del problema no se movió ni un milímetro en
todo ese tiempo: **hay un secreto, tú lo sabes, el servidor puede comprobarlo, y
por tanto el servidor tiene algo que perder**.

Todo lo que hemos hecho desde entonces consiste en hacer ese secreto más largo,
más raro, más salado, más lento de romper. Nadie se planteó la pregunta anterior:
¿y si no hubiera secreto compartido?

## 1976: la idea de que un secreto puede tener dos mitades

En 1976, Whitfield Diffie y Martin Hellman publicaron *New Directions in
Cryptography*. La idea era casi insultante de tan simple: **una clave puede
partirse en dos trozos que no son intercambiables**. Uno lo repartes a los cuatro
vientos; el otro no sale de tu casa. Lo que firmas con el privado se verifica con
el público, pero el público no sirve para firmar nada.

Léelo otra vez pensando en un servidor: el sitio ya no necesita guardar algo con
lo que se pueda entrar. Solo la mitad que no abre nada.

Que la idea tardara casi medio siglo en llegar a la pantalla de tu banco no dice
mucho a favor de nuestro sector. Los certificados de cliente existían y
funcionaban; lo que no existía era una forma de usarlos que no requiriera un
máster. La criptografía estaba resuelta. La usabilidad, no.

## 2013: alguien se pone de acuerdo, para variar

En 2013 nació la **FIDO Alliance**, un consorcio industrial con un objetivo
declarado y poco modesto: reducir la dependencia de las contraseñas. Lo importante
no fue la tecnología —esa ya estaba— sino que fabricantes, navegadores y
servicios se sentaran a acordar un mismo protocolo. Suena a burocracia y era
exactamente lo que faltaba: un mecanismo de autenticación que solo funciona en un
navegador y con un servicio no es un mecanismo, es una anécdota.

## 2019: el navegador aprende a hacer criptografía

En **marzo de 2019, WebAuthn se convirtió en recomendación del W3C**. En
cristiano: cualquier página podía ya pedirle al navegador —con una API estándar,
sin plugins ni drivers— que generara un par de claves y firmara con él.

El flujo, sin adornos, es este. Cuando te registras, tu dispositivo crea un par
de claves nuevo, específico para ese sitio. Manda la pública. Se queda la
privada, guardada por el propio dispositivo y protegida por tu huella, tu cara o
su PIN. Cuando vuelves, el sitio te envía un reto al azar, tu dispositivo
lo firma, y el sitio comprueba la firma con la pública que ya tenía.

Fíjate en lo que **no** ocurre: no viaja ningún secreto. El servidor nunca ha
tenido tu clave privada, así que no puede perderla. Si mañana filtran su base de
datos entera, lo que se llevan es una lista de claves públicas —más o menos como
robar el listín de teléfonos—. No hay hashes que pasar por una GPU ni diccionario
que probar. No es que sea difícil: es que ahí no hay nada que valga.

## El efecto colateral es más grande que la idea

Cuando tu dispositivo crea ese par de claves, lo ata al dominio. La clave que
guardó para `tubanco.es` **solo se ofrece a `tubanco.es`**. No es una política, ni
una advertencia, ni un aviso rojo en la barra: es que la clave para
`tubanc0-seguridad.com` no existe. El navegador no la encuentra porque nunca se
creó.

Esto mata el phishing. No lo reduce: lo deja sin mecanismo. Todo el negocio del
phishing consiste en que **tú puedes teclear tu contraseña en el sitio
equivocado**, y llevamos años intentando arreglarlo con formación de usuarios y
campañas de concienciación. Todo eso era tratar el síntoma. Tu ojo se deja
engañar por una URL parecida; tu teléfono, no. No lee: compara cadenas.

De paso se lleva por delante la reutilización, que era el otro pecado capital.
Cada sitio tiene su par de claves. No hay nada que reutilizar aunque quieras.

## 2022: los tres que mandan firman la paz

En **mayo de 2022, Apple, Google y Microsoft anunciaron conjuntamente** que
ampliarían el soporte de las credenciales FIDO —las passkeys— en sus
plataformas y navegadores.

Eso es lo que convirtió esto de una nota técnica en algo que le puedes explicar a
tu madre. Hasta entonces, WebAuthn casi siempre significaba una llave física USB:
excelente, y para tres personas. La passkey vive donde ya tienes el móvil en la
mano y se desbloquea con la cara.

## Lo que no arregla

Ahora la letra pequeña, porque el sector va a pasar los próximos años fingiendo
que no existe.

**La recuperación sigue siendo el punto blando.** El hueco no ha desaparecido: se
ha movido. Si pierdes el dispositivo, alguien tiene que decidir que eres tú, y esa
decisión se toma casi siempre por correo, por SMS o hablando con un humano en un
centro de llamadas. Ese humano es exactamente el mismo objetivo que antes. Has
blindado la puerta principal y la trasera sigue donde estaba.

**El sincronizado te ata a un ecosistema.** Las passkeys son cómodas porque tu
plataforma las replica entre tus aparatos. Que es otra forma de decir que tus
llaves viven en el llavero de una empresa concreta. Salir de ahí no es imposible,
pero tampoco es un botón. Cambiaste el problema de recordar por el de pertenecer.

**Y sigues necesitando entrar si pierdes el móvil.** Lo que en la práctica
significa que casi ningún sitio ha quitado la contraseña: la ha escondido detrás
de un «¿problemas para acceder?». Mientras exista ese enlace, existe la
contraseña, y es tan mala como siempre fue. La cadena se rompe por el método más
débil que aceptes, no por el más elegante que ofrezcas.

## Qué hacer mientras tanto

Activa passkeys donde te las ofrezcan y empieza por lo que más duele si cae: el
correo, el banco, la cuenta que usas para entrar en las demás. Es de las pocas
mejoras de seguridad que además te quita trabajo.

Y no te engañes: vas a seguir teniendo contraseñas durante años, aunque sea como
plan B. Que sean largas, distintas en cada sitio y estén en un gestor. Si quieres
una que no salga de tu cabeza, usa el [generador](/); si quieres saber si la que
tienes aguanta algo, pásala por el [comprobador](/comprobador/).

La vieja pregunta del centinela —*¿eres de los nuestros?*— por fin tiene una
respuesta distinta. Durante décadas contestamos diciendo una palabra que podían
escuchar. Ahora contestamos con una firma que solo puede hacer tu dispositivo, sin
que la palabra llegue a existir. Es la primera vez que cambiamos la pregunta en
lugar de la palabra.

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*Fuentes: W. Diffie y M. Hellman, «New Directions in Cryptography», IEEE
Transactions on Information Theory, 1976 · R. Morris y K. Thompson, «Password
Security: A Case History», Communications of the ACM, 1979 · FIDO Alliance,
constituida en 2013 · «Web Authentication: An API for accessing Public Key
Credentials», recomendación del W3C, marzo de 2019 · anuncio conjunto de Apple,
Google y Microsoft sobre el soporte de passkeys, mayo de 2022.*
